top of page
Carla_with computer_edited.jpg

Derechos digitales

Los derechos digitales de la infancia son la aplicación de los derechos fundamentales del niño a los entornos tecnológicos: privacidad, protección, acceso a información adecuada y participación. Esta página los organiza en cinco etapas de desarrollo (4-6, 7-9, 10-12, 13-15 y 16-17 años) con ejemplos de situaciones cotidianas. La segmentación es una propuesta pedagógica de la autora, no una clasificación jurídica oficial.

De 4 a 6 años: la protección comienza con el adulto

En estas edades, hablar de derechos digitales requiere situaciones muy concretas. Conceptos como tratamiento de datos o huella digital son demasiado abstractos, pero un niño sí puede comprender que su fotografía, su nombre y lo que ocurre en una pantalla merecen protección.

El derecho a la privacidad puede comenzar enseñándole que su imagen le pertenece y debe ser tratada con respeto. Por ejemplo, antes de publicar una fotografía suya, el adulto puede preguntarle:  "¿Te gusta esta foto? ¿Está bien si la ve la familia?".  Así empieza a comprender que tiene algo que decir sobre el uso de su imagen.

También tiene derecho a estar protegido frente a contactos, contenidos o prácticas digitales que puedan perjudicarlo. Si una persona dentro de un juego le pregunta dónde vive, la respuesta que puede aprender es sencilla: "No lo digo y se lo enseño a un adulto".

 

El derecho a contenidos adecuados para su edad implica que el adulto seleccione entornos digitales apropiados para su desarrollo. Por ejemplo, puede escoger aplicaciones infantiles sin chats abiertos ni publicidad inapropiada, en vez de permitir navegación sin supervisión.

A esto se suma el derecho a pedir ayuda. Si aparece un video que le produce miedo o confusión, el niño debe saber que no tiene obligación de continuar mirándolo: puede cerrar la pantalla y acudir a un adulto.

De 7 a 9 años: empieza a identificar qué debe proteger

A medida que utiliza juegos, plataformas y dispositivos con algo más de independencia, puede comenzar a reconocer información personal y entender que lo que hace en línea produce consecuencias. El derecho a proteger sus datos puede enseñarse mediante decisiones cotidianas. Si un juego solicita nombre completo, escuela, edad y ubicación, el niño puede aprender a detenerse antes de escribir y consultar con un adulto.

También puede comenzar a ejercer mayor control sobre su imagen y, al mismo tiempo, reconocer ese derecho en los demás. Si toma una fotografía graciosa de un compañero, debe comprender que tenerla guardada en su tableta no equivale a tener autorización para publicarla.

El derecho a la seguridad digital se relaciona tanto con el uso de servicios que incorporen medidas razonables de protección como con el aprendizaje de hábitos básicos. Una situación sencilla es explicar por qué una contraseña no debe entregarse a los compañeros, incluso cuando sean amigos. Además, tiene derecho a recibir un trato respetuoso en los espacios digitales. Si varios compañeros se burlan de otro niño dentro de un chat, puede aprender que participar o reenviar esas burlas aumenta el daño y que debe buscar ayuda cuando alguien la necesita.

De 10 a 12 años: comienza a comprender las consecuencias

En esta etapa ya es posible profundizar en privacidad, identidad digital, videojuegos multijugador, redes sociales, inteligencia artificial y permanencia de la información.

El derecho a la privacidad y a la protección de datos puede trabajarse examinando lo que solicitan las aplicaciones. Si una app pide acceso permanente a los contactos, ubicación, cámara y micrófono, el estudiante puede hacerse una pregunta concreta: "¿Realmente necesita todo esto para funcionar?".  También puede empezar a comprender qué ocurre con la información que proporciona. Antes de registrarse en una plataforma, por ejemplo, puede identificar qué datos le solicitan y considerar para qué podrían utilizarse.

 

Su identidad y reputación digital también requieren protección. Si un compañero publica un video vergonzoso suyo, debe saber que puede solicitar que sea retirado y pedir ayuda, en lugar de aceptar que "como ya está en Internet, no hay nada que hacer".

 

El derecho a participar y expresarse comienza a vincularse claramente con los derechos de los demás. Puede discrepar de una idea publicada por otro estudiante; lo que no debe hacer es divulgar información privada para avergonzarlo.  También puede introducirse el papel de los algoritmos. Después de ver varios videos de un videojuego, por ejemplo, YouTube o TikTok puede continuar recomendándole contenidos similares. El estudiante empieza así a comprender que lo que aparece en su pantalla no es necesariamente neutral y que los sistemas de recomendación influyen en esa selección.

De 13 a 15 años: aumenta la autonomía, pero continúa necesitando protección especial

Durante la adolescencia, limitar la educación digital a reglas como "protege tu contraseña" resulta insuficiente. El adolescente participa con mucha más autonomía y necesita comprender los sistemas en los que se desenvuelve.  Su derecho a la privacidad incluye entender que genera información incluso cuando no la escribe expresamente en un perfil. Una aplicación, por ejemplo, puede recopilar datos relacionados con búsquedas, ubicación, interacciones o intereses.

 

Tiene además derecho a expresarse, crear y participar digitalmente, siempre dentro de límites que respeten a otras personas. Puede participar en una campaña escolar mediante redes sociales sin necesidad de publicar información privada de otros estudiantes. La protección también debe abarcar explotación, manipulación y determinadas prácticas comerciales. Si un influencer promociona un producto dentro de un video, el adolescente puede aprender a diferenciar una recomendación espontánea de un contenido patrocinado.

Frente al acoso, grooming o explotación sexual, necesita conocer respuestas concretas. Si una persona comienza a pedirle secretos, fotografías privadas o un encuentro, debe saber utilizar mecanismos de bloqueo y denuncia, conservar evidencia y buscar ayuda.

A estas edades también puede comenzar a analizar decisiones automatizadas. Si una plataforma educativa lo clasifica como estudiante «en riesgo», puede preguntarse qué datos se utilizaron y si una predicción debería convertirse automáticamente en una decisión educativa.

De 16 a 17 años: hacia una ciudadanía digital más autónoma

Al acercarse a la adultez, la educación sobre derechos digitales puede avanzar hacia la gestión autónoma de datos, la participación, la responsabilidad y la capacidad para cuestionar los sistemas tecnológicos. El adolescente puede ejercer de manera más activa su derecho a la privacidad revisando permisos, configuraciones y aplicaciones vinculadas a sus cuentas, y retirando accesos que ya no necesita.

También puede aprender a cuestionar decisiones digitales que tengan consecuencias importantes. Ante una decisión basada en un sistema automatizado, por ejemplo, puede preguntar qué información fue utilizada, cuál es su margen de error y de qué manera puede solicitar una revisión humana.  La libertad de expresión y el acceso a información deben entenderse junto con la privacidad, dignidad y seguridad de otras personas. Un joven puede documentar públicamente un problema de su comunidad, pero también debe considerar si las fotografías que piensa publicar identifican innecesariamente a menores o personas vulnerables.

 

En esta etapa resulta igualmente pertinente comprender la economía digital. Muchos servicios aparentemente gratuitos funcionan mediante publicidad, personalización, recopilación de datos y mecanismos orientados a mantener la atención. El adolescente puede analizar por qué una red social insiste en mostrarle determinados contenidos y qué obtiene la empresa cuando permanece más tiempo utilizándola.

Finalmente, está el derecho a recibir educación digital. Antes de alcanzar la mayoría de edad, debería disponer de conocimientos suficientes para participar informadamente en estos entornos. En inteligencia artificial generativa, por ejemplo, saber escribir una instrucción no basta: debería poder verificar las respuestas, reconocer limitaciones, proteger información personal y decidir cuándo una tarea no debe delegarse a la IA.

Ana Wilda Santiago Figueroa, Ed.D.

P.O. Box 1579

Cabo Rojo, PR 00623

© 2024–2026 Creado por Ana Wilda Santiago, Ed.D.

bottom of page